La próxima vez que el venezolano concurra a las mesas electorales debe ser para elegir, de manera real y efectiva, los poderes públicos que se encargarían de la dirección del Estado.

En un País donde es evidente que los problemas y carencias tienen su origen en lo político, pues fuimos generosamente dotados por la naturaleza, todo lo relativo a este aspecto de la vida en sociedad, debe ser tratado con mucho cuidado y seriedad.

Como punto fundamental de partida, es menester que el votante se convierta en elector, que desaparezcan las normas que reservan a grupos privilegiados la postulación de candidatos y convierten al ciudadano en arrodillado ante el querer ajeno.

Durante sesenta años hemos delegado en los partidos políticos la elección de nuestras autoridades. Este vicio fue generando otros, que al acumularse convirtieron a la Nación más rica de América Latina, en sujeto de la piedad internacional, mutándola de sueño de inmigrantes en fantasma de emigrantes.

Es imprescindible que todos los cargos de elección popular estén sujetos a elecciones primarias; que el Fiscal General, el Contralor General, los magistrados del TSJ, los jueces y otros de similar importancia, sean sometidos a elección popular directa y revocabilidad. La elección por lista, mediante la cual se han realizado las más odiosas designaciones, debe desaparecer, abriendo paso a la ciudadanía para que elija a sus mejores miembros.

Hoy, 6 de mayo de 2019, todo indica que graves e importantes acontecimientos se aproximan; que éstos serán de tal magnitud que el Estado podrá ser reinaugurado con nuevas y modernas instituciones que hagan posible una verdadera democracia, deslastrada de mafias políticas y de una ciudadanía sujeta al querer e intereses de minorías prepotentes; donde la responsabilidad de los funcionarios públicos sea efectiva y donde el Presidente de la República deje de ser lo que ahora es: una suerte de rey medieval, cuya voluntad priva oronda sobre el querer del colectivo.

Que Dios nos ayude.

06/05/2019