Hace exactamente cinco años (6D), se verificó uno de los fraudes políticos más grandes de que tenga noticia Venezuela. Los restos embozados de AD, Copei y otros factores no menos perversos, agazapados tras una unidad ficticia y una «manito» judaica, sacaron provecho  de la ingenuidad de una población desesperada que había visto fracasar todos sus esfuerzos por recuperar su libertad y la llevaron a unas elecciones que ─supuestamente─ serían el comienzo del fin del régimen chavista.

Nada más falso. Los resultados del acto electoral fueron un acuerdo entre partes para crear una falsa oposición que hiciera creer al mundo que en este País se respetaban las reglas de la democracia, a la vez que impidiera la creación de una oposición real que señalara las dolorosas verdades que nos acogotaban.

Escrito el guion e instalada la tramoya, tocaba a los actores desarrollar la obra. En sus inicios, el papel principal correspondió a Henry Ramos Allup, quien sacó «a patadas» del recinto legislativo los retratos de Chávez, pero recibió reverente al «presidente Maduro».

Luego vinieron otros, ordenados no por sus méritos personales, sino por el caudal electoral de sus respectivas organizaciones. Los inocuos Borges y Barboza precedieron a la «tapa del frasco»: Juan Guaidó, a quien le correspondió ─por mandato constitucional─ encargarse interinamente de la Presidencia de la República por ausencia absoluta del Presidente electo.

Cumplido cabalmente su papel apaciguador y embaucador, la MUD ya no le es necesaria al régimen y puede desaparecer, cosa que hará este 6D de 2020. Sus líderes podrán irse al exterior con las alforjas llenas a vivir exilios dorados que harían palidecer de envidia a un jeque, mientras que los venezolanos, famélicos y desesperanzados, se reprocharán haber sido tan ingenuos y no haber visto que el cuerpo pegado a la «manito» era el de Judas Iscariote, el mismo que besó a Cristo para entregarlo a sus enemigos.

Este 6D se estima una abstención real superior al 80% y una apoteósica victoria del chavismo; los centros electorales estarán vacíos, peros las cifras manipuladas a conveniencia por el ente electoral mostrarán otra cosa, con la anuencia de «observadores internacionales» de Cuba, Irán, Nicaragua y otros de similar catadura.

La masiva abstención será un acto de rebeldía contra rojos y azules y la firme comprobación de que no todo está perdido.

05/12/2020