América latina está viviendo un momento que puede marcar la vida de las generaciones futuras que habiten sobre el territorio al sur del Río Grande.

El Foro de Sao Paulo, que tiene sus motores en la ideología cubana y en el financiamiento venezolano, muestra una agresividad inédita: mientras que en Bolivia Evo Morales se proclama vencedor de unas elecciones a las que legalmente no ha debido concurrir y en Chile desata un vandalismo atizado por la actitud blandengue del Presidente Piñera y –por sus partes– López obrador loquea en México y el tirano nicaragüense se muestra inamovible las democracias, lideradas por Estados Unidos, parecen haber perdido contacto con la realidad y no captar que lo que se está jugando no es el destino de una o dos naciones, sino el de la América toda y hasta el de la humanidad entera.

La presencia de Rusia, China, Irán y Turquía en el juego político latinoamericano, complica la situación; mientras, el presidente Trump habla mucho, pero parece haberse tragado el cuento de que Venezuela podría convertirse en un nuevo Vietnam si la bota de un «marine» pisa su territorio.

El año que viene Trump se juega su reelección y a pesar de que cuenta con el favoritismo de los electores de ese país, no esconde su temor de que una actividad militar costosa en vidas estadounidenses pueda aventarlo de la Casa Blanca, mientras que los activistas del partido demócrata deslizan el rumor de que rusos y turcos tienen grabaciones sobre comportamientos impropios de Donald Trump en sus tiempos de empresario inmobiliario.

Si bien la destrucción del muro de Berlín puso fin a la larga etapa de la guerra fría que se inició apenas concluida la Segunda Guerra Mundial, el enfrentamiento de los dos bloques no ha cesado y tienen en América Latina su campo de batalla. Los días por venir pueden ser decisivos, pues alguno de los dos contendientes cargará con la victoria. Si Evo se atornilla en Bolivia, Daniel Ortega sigue crucificando a Nicaragua, Maduro continúa con el proceso de destrucción de Venezuela y el Presidente Piñera es defenestrado en Chile, las democracias occidentales habrán recibido una gran paliza o como diría un aficionado al boxeo: derrotadas por decisión unánime (100/80), sin haber ganado un solo round.

26/10/2019