La presencia de aviones de combate rusos y el anuncio de que pronto llegarán fragatas de guerra iraníes, con el manifiesto fin de brindar soporte armado al régimen presidido por Nicolás Maduro, ha debido generar un cataclismo en nuestro mundo político y, muy especialmente, en la Asamblea Nacional, la cual fuera electa el 6 de diciembre de 2015, con un atronador triunfo de los partidos que decían oponerse al poder central.

Hasta este instante, 2 horas y 30 minutos después del mediodía del 11 de diciembre de 2018, no tenemos conocimiento de que el principal Cuerpo Legislativo del País, se haya pronunciado ante la gruesa violación de su derecho y obligación constitucionales de autorizar el empleo de misiones militares extranjeras en el país, según lo establece el numeral 11 del artículo 187 de la Carta Magna.

La presencia de fuerzas militares iraníes y rusas es doblemente perversa; por una parte, hace patente que la Asamblea Nacional es una invitada de piedra, una muerta en vida, aun en aquellos asuntos sobre los cuales tiene expresa competencia constitucional; por la otra, no deja lugar a dudas de que el pueblo venezolano está secuestrado por una serie de factores internacionales de poder, que ameritan un pronunciamiento claro y efectivo de las fuerzas democráticas del orbe.

Hoy, una vez más, la Asamblea Nacional, cuyos integrantes fueron determinados por los dedos de media docena de caciques políticos, incumple sus deberes fundamentales y demuestra que es una herramienta de la falsa oposición, de quienes han hecho de la política una manera de vivir cómodamente con poco esfuerzo y a quienes poco importa el destino de los venezolanos.

Debemos prometernos que el 6D fue la última vez que aceptamos ser votantes, pero no electores, de forma tal que nunca más la representación popular sea asumida por quienes no la merecen. Votar para elegir debe ser la consigna.

11/12/2018