Editoriales

NOTA IMPORTANTE: Las propuestas que hacemos en este sitio solamente se pueden hacer realidad en democracia.

¡ NO SE VOTA EN TIRANÍA !

 

 

La situación de Venezuela luce complicada, pero no tanto como lo quieren hacer ver algunos, con intenciones no santas.

Entre los muchos disparates que se dejan colar por diversos medios de comunicación, es que Estados Unidos, Brasil y Colombia, no están dispuestos a verter la sangre de sus soldados para venir a salvar a Venezuela. Planteado en esos términos, esa negativa suena lógica, pero la verdad sea dicha, ellos ven en la actual realidad venezolana una amenaza a su seguridad nacional.

Los estadounidenses perciben, por obvio, que un País como Venezuela, cargado de riquezas naturales y ubicado en la puerta de Suramérica, caribeño y andino, es una daga apuntando al corazón de América y un peligro cierto para su seguridad, ya bastante comprometida por el narcotráfico, el carácter expansionista del comunismo cubano y la intención islamita de destruirlos.

El interés colombiano en la suerte de Venezuela, está estrechamente ligado al problema guerrillero que los acogota desde hace más de cincuenta años. Se sabe, desde hace lustros, que el territorio venezolano ha servido de aliviadero para las unidades guerrilleras; que en manos insurgentes se han encontrado armas cuyo propietario original fue el ejército venezolano y que, en la actualidad, el ELN domina vastas extensiones de nuestro territorio, de donde extraen ingentes riquezas para financiar sus actividades.

Brasil, en su carácter de País limítrofe, con sus casi 2.200 kilómetros de frontera común, ha recibido el impacto del desastre venezolano. Decenas de miles de famélicos y enfermos connacionales han logrado refugio en pueblos y ciudades del norte y se esperan muchos más, lo cual constituye un problema económico, de seguridad y de salud públicas. Además, no pueden obviar los brasileños el riesgo político de ser vecino de un país comunista.

Una enérgica intervención de cualquiera de estos tres países, conjunta o separadamente, militar, económica o diplomática, es factible; pero no por razones de solidaridad humana, como algunos deslizan maliciosamente, si no para defenderse de un peligro que puede comprometer su porvenir.

20/05/2019

 

La próxima vez que el venezolano concurra a las mesas electorales debe ser para elegir, de manera real y efectiva, los poderes públicos que se encargarían de la dirección del Estado.

En un País donde es evidente que los problemas y carencias tienen su origen en lo político, pues fuimos generosamente dotados por la naturaleza, todo lo relativo a este aspecto de la vida en sociedad, debe ser tratado con mucho cuidado y seriedad.

Como punto fundamental de partida, es menester que el votante se convierta en elector, que desaparezcan las normas que reservan a grupos privilegiados la postulación de candidatos y convierten al ciudadano en arrodillado ante el querer ajeno.

Durante sesenta años hemos delegado en los partidos políticos la elección de nuestras autoridades. Este vicio fue generando otros, que al acumularse convirtieron a la Nación más rica de América Latina, en sujeto de la piedad internacional, mutándola de sueño de inmigrantes en fantasma de emigrantes.

Es imprescindible que todos los cargos de elección popular estén sujetos a elecciones primarias; que el Fiscal General, el Contralor General, los magistrados del TSJ, los jueces y otros de similar importancia, sean sometidos a elección popular directa y revocabilidad. La elección por lista, mediante la cual se han realizado las más odiosas designaciones, debe desaparecer, abriendo paso a la ciudadanía para que elija a sus mejores miembros.

Hoy, 6 de mayo de 2019, todo indica que graves e importantes acontecimientos se aproximan; que éstos serán de tal magnitud que el Estado podrá ser reinaugurado con nuevas y modernas instituciones que hagan posible una verdadera democracia, deslastrada de mafias políticas y de una ciudadanía sujeta al querer e intereses de minorías prepotentes; donde la responsabilidad de los funcionarios públicos sea efectiva y donde el Presidente de la República deje de ser lo que ahora es: una suerte de rey medieval, cuya voluntad priva oronda sobre el querer del colectivo.

Que Dios nos ayude.

06/05/2019

 

 

El artículo 197 de la vigente Constitución de 1999, establece que los diputados a la Asamblea Nacional deben mantener una vinculación permanente con sus electores, atendiendo sus opiniones y sugerencias y manteniéndolos informados acerca de su gestión.

A riesgo de inducir sospechas acerca de nuestra salud mental, podemos afirmar que esta disposición constitucional se acata y no se acata, dependiendo de la semántica utilizada. Si como elector se entiende al ciudadano votante, el desacato es absoluto, producto –entre otras causas– de tener como sinónimos (quizás intencionalmente) los términos elector y votante, a pesar de las grandes diferencias que los distancian.

Según nuestro diccionario (Real Academia de la Lengua Española), elector significa «Que elige o tiene potestad o derecho de elegir» y, en su segunda acepción «Cada uno de los príncipes de Alemania a quienes correspondía la elección y nombramiento de emperador».

Visto así, los venezolanos somos electores en la medida en que tenemos la potestad o derecho de elegir, pero quedamos reducidos al papel de simples votantes, porque en la realidad existe un grupo de príncipes (al más puro estilo alemán) constituido por los jefes de los distintos partidos políticos nacionales; son ellos quienes determinan desde la presidencia de la Asamblea Nacional hasta la última de las alcaldías y de la voluntad de ese grupúsculo depende buena parte de nuestro presente y de nuestro próximo futuro.

Este pérfido sistema electoral, imperante desde hace 60 años –por lo menos– es la fuente de muchas de nuestras desgracias; es el culpable de que hoy los venezolanos nos preguntemos, con más angustia que esperanza, qué hará la Asamblea el 10 de enero, aun cuando no haya duda acerca de lo que desean los ciudadanos de este País.

Como se está demostrando, la ausencia de elecciones primarias para todos los cargos de elección popular, ha impedido el arraigamiento de una democracia que respete su postulado fundamental: la soberanía popular.

23/12/2018

 

 

La situación de Venezuela es difícil de entender para muchos venezolanos y, con más razón, para quienes viven en otras partes del mundo.

Un País dotado de inmensas riquezas naturales, que por concepto de petróleo y otros minerales ha recibido una cantidad incalculable de divisas, con un territorio cercano al millón de kilómetros cuadrados, apto para la agricultura y la cría y ríos proveedores de agua y con inmenso potencial hidroeléctrico; con una población mestiza ajena a problemas racistas, alegre, desenfadada y solidaria, que arroba al extranjero, al punto de no desear  regresar a sus puntos de origen.

Un País que goza de tales bendiciones debería estar entre los primeros del primer mundo, pero no hemos superado un tercermundismo a todas luces impropio, por cuanto jamás hemos tenido democracia, ni gozado de su principio fundamental: la soberanía popular.

En una suerte de auto compasión, hemos llamado democracia a los que no han pasado de ser regímenes «partidocráticos»,  donde un político, convertido en Presidente de la República, maneja al Estado con la soberbia propia de rey medioeval, rodeado de un ejército de aduladores, barraganas incluidas, que le hacen ver luces al final de un túnel, donde no hay más que obscuridad.

Todo esto tiene su fuente en un sistema electoral perverso, donde el ciudadano es un convalidador de decisiones ajenas, que vota pero no elige, que se acoge al «menos malo», ante la imposibilidad de elegir al «bueno».

Esta triste y perniciosa realidad debe cambiar. Las elecciones primarias universales para todos los cargos de representación popular deben ser imperativo constitucional; el voto popular debe designar a los magistrados del TSJ, al Fiscal General, al Defensor del Pueblo y a otros de similar relevancia.

Lo que ocurre con la actual Asamblea Nacional, manejada a capricho por Ramos Allup, Borges, Rosales, Leopoldo y Falcón, no debe repetirse jamás. De ello depende nuestro futuro. Votar para elegir debe ser la consigna.

27/01/2019

 

 

La presencia de aviones de combate rusos y el anuncio de que pronto llegarán fragatas de guerra iraníes, con el manifiesto fin de brindar soporte armado al régimen presidido por Nicolás Maduro, ha debido generar un cataclismo en nuestro mundo político y, muy especialmente, en la Asamblea Nacional, la cual fuera electa el 6 de diciembre de 2015, con un atronador triunfo de los partidos que decían oponerse al poder central.

Hasta este instante, 2 horas y 30 minutos después del mediodía del 11 de diciembre de 2018, no tenemos conocimiento de que el principal Cuerpo Legislativo del País, se haya pronunciado ante la gruesa violación de su derecho y obligación constitucionales de autorizar el empleo de misiones militares extranjeras en el país, según lo establece el numeral 11 del artículo 187 de la Carta Magna.

La presencia de fuerzas militares iraníes y rusas es doblemente perversa; por una parte, hace patente que la Asamblea Nacional es una invitada de piedra, una muerta en vida, aun en aquellos asuntos sobre los cuales tiene expresa competencia constitucional; por la otra, no deja lugar a dudas de que el pueblo venezolano está secuestrado por una serie de factores internacionales de poder, que ameritan un pronunciamiento claro y efectivo de las fuerzas democráticas del orbe.

Hoy, una vez más, la Asamblea Nacional, cuyos integrantes fueron determinados por los dedos de media docena de caciques políticos, incumple sus deberes fundamentales y demuestra que es una herramienta de la falsa oposición, de quienes han hecho de la política una manera de vivir cómodamente con poco esfuerzo y a quienes poco importa el destino de los venezolanos.

Debemos prometernos que el 6D fue la última vez que aceptamos ser votantes, pero no electores, de forma tal que nunca más la representación popular sea asumida por quienes no la merecen. Votar para elegir debe ser la consigna.

11/12/2018 

Documento fundamental: Votar para elegir

Mucho tiempo ha pasado desde que Pericles pronunciara su oración fúnebre para honrar a los caídos en la Guerra del Peloponeso y –desde entonces– muchos han sido los esfuerzos que se han realizado para definir la democracia y darle sustento ideológico y basamentos prácticos.

Hace más de veinticinco siglos los griegos idearon y ejercieron un sistema de gobierno donde las decisiones sobre  los asuntos públicos eran tomadas directamente por la asamblea de los ciudadanos, es decir, por la reunión de varones libres que hubiesen prestado servicio militar y poseyeran ciertos bienes de fortuna.

Dado que no votaban las mujeres, los menores ni los esclavos, como tampoco los extranjeros, era viable reunir la asamblea; con el transcurso del tiempo, esta forma de tomar las decisiones de Estado, esta democracia directa, donde cada ciudadano equivalía a un voto y la representación no era necesaria, sucumbió por razones demográficas fácilmente comprensibles, dando lugar a la democracia representativa o, en términos teóricos, al gobierno ejercido por el pueblo a través de sus representantes.

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Editorial

 

La situación de Venezuela luce complicada, pero no tanto como lo quieren hacer ver algunos, con intenciones no santas.

Entre los muchos disparates que se dejan colar por diversos medios de comunicación, es que Estados Unidos, Brasil y Colombia, no están dispuestos a verter la sangre de sus soldados para venir a salvar a Venezuela. Planteado en esos términos, esa negativa suena lógica, pero la verdad sea dicha, ellos ven en la actual realidad venezolana una amenaza a su seguridad nacional.

Los estadounidenses perciben, por obvio, que un País como Venezuela, cargado de riquezas naturales y ubicado en la puerta de Suramérica, caribeño y andino, es una daga apuntando al corazón de América y un peligro cierto para su seguridad, ya bastante comprometida por el narcotráfico, el carácter expansionista del comunismo cubano y la intención islamita de destruirlos.


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Hay 36 invitados y ningún miembro en línea

Nosotros

 

Nosotros, políticamente independientes de toda militancia partidista, pero no indiferentes; con el ánimo de aportar ideas para  el perfeccionamiento de la democracia en Venezuela, hemos decidido constituir un círculo de estudios políticos y crear y nutrir el portal web www.eligetu.org, para que sea su órgano de expresión y comunicación.

Nos une la convicción de que la democracia tiene su fundamento principal en la soberanía popular; también creemos que si esa soberanía es ajena a la producción de hechos concretos que beneficien al pueblo, o si es distorsionada al punto de que su ejercicio se traslade hacia élites políticas o económicas, la democracia es inexistente.

Consideramos que el voto debe ser un medio de expresión del sentir popular, pero también somos del criterio de que las fallas del sistema electoral pueden ser tan graves que pueden terminar trasladando la soberanía a manos ávidas de poder y de bienes mal habidos.

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Discurso de Gettysburg

 

Hace ocho décadas y siete años, nuestros padres hicieron nacer en este continente una nueva nación concebida en la libertad y consagrada al principio de que todas las personas son creadas iguales.

Ahora estamos empeñados en una gran guerra civil que pone a prueba si esta nación, o cualquier nación así concebida y así consagrada, puede perdurar en el tiempo. Estamos reunidos en un gran campo de batalla de esa guerra. Hemos venido a consagrar una porción de ese campo como último lugar de descanso para aquellos que dieron aquí sus vidas para que esta nación pudiera vivir. Es absolutamente correcto y apropiado que hagamos tal cosa.

Pero, en un sentido más amplio, nosotros no podemos dedicar, no podemos consagrar, no podemos santificar este terreno. Los valientes hombres, vivos y muertos, que lucharon aquí lo han consagrado ya muy por encima de nuestro pobre poder de añadir o restarle algo.

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"Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción; la ambición, la intriga, abusan de la credibilidad y de la inexperiencia de hombres ajenos de todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad, la traición por el patriotismo, la venganza por la justicia".


Simón Bolívar

[Del discurso ante el Congreso de Angostura del 15 de febrero de 1819.]

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“Yo soy y seré perpetuamente, acérrimo defensor de los derechos, libertades e independencia de nuestra América cuya honrosa causa defiendo y defenderé toda mi vida; tanto porque es justa y necesaria para la salvación de sus desgraciados habitantes, como porque interesa además en el día a todo el genero humano".

Francisco de Miranda

"Para los que no tenemos creencias, la democracia es nuestra religión".

Paul Auster

“Si hubiera más políticos que supieran de poesía, y más poetas que entendieran de política, el mundo sería un lugar un poco mejor para vivir en él”.

John Fitzgerald Kennedy


A mis años, les digo con sinceridad que les ha tocado vivir una época extraordinaria porque todo está obsoleto y hay que inventarlo de nuevo; hay que inventar un nuevo lenguaje político que hable de democracia, de valores éticos, de libertad y justicia social; hay que inventar la educación y crear un País de emprendedores, artistas e inventores. Un  País  digno  y  soberano  en  el  contexto  global, en  fin, en  Venezuela  hay  que  inventarlo  todo   ¡QUE MARAVILLA!

Carlos Cruz-Diez (94 años)
Agosto de 2017

Oración Fúnebre de Pericles


I

La mayor parte de quienes en el pasado han hecho uso de la palabra en esta tribuna, han tenido por costumbre elogiar a aquel que introdujo este discurso en el rito tradicional, pues pensaban que su proferimiento con ocasión del entierro de los caídos en combate era algo hermoso. A mí, en cambio, me habría parecido suficiente que quienes con obras probaron su valor, también con obras recibieran su homenaje –como este que veis dispuesto para ellos en sus exequias por el Estado–, y no aventurar en un solo individuo, que tanto puede ser un buen orador como no serlo, la fe en los méritos de muchos. Es difícil, en efecto, hablar adecuadamente sobre un asunto respecto del cual no es segura la apreciación de la verdad, ya que quien escucha, si está bien informado acerca del homenajeado y favorablemente dispuesto hacia él, es muy posible que encuentre que lo que se dice está por debajo  de  lo  que  él  desea  y de  lo  que  él conoce; ...

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